Tinta en las Cintas

By Andrés Cárdenas

¿Por qué publico lo que publico?

El 2 de febrero de este año publiqué "¿No utilizo Twitter porque no tengo nada que decir o porque no me alcanzan 140 caracteres para todo lo que tengo que decir?" En ese momento era un dilema real, ahora parece que lo he entendido y la respuesta es más reconfortante de lo que pensé.

Como estudiante de periodismo se me anima a participar en las redes sociales más populares, a aprender a utilizar todas sus herramientas para facilitar y maximizar el alcance del trabajo periodístico. Sin embargo, es algo en lo que fallo constantemente. Aunque reconozco la importancia y utilidad de estas redes me es imposible ser un usuario activo. Ahora entiendo que no es el hecho de que no tenga nada que decir y tampoco el que no pueda comprimir mis opiniones en 140 caracteres, es porque me preocupa el valor de mis opiniones. Pero ¿cómo mide uno lo que comparte en redes sociales?

En *social media *los likes, retweets, favoritos, etc, son el medidor. Asumimos que algo es más cierto, más importante, más relevante, por el número de likesque obtiene. Redes como Facebook e Instagram son impulsadas por narcisismo modernista, los *likes *se han convertido en el combustible de egos gigantescos y el acto de compartir eventos diarios, cotidianos y sin sentido es el precio que debe pagarse para conseguir la aprobación e incluso admiración de la gente. Esto en mi opinión es un sistema roto que carece de valor cultural y educacional.

No hay nada malo en compartir una selfie, una foto de tu cena, un vídeo de tu mascota o de la fiesta en la que estás, pero la próxima vez que vayas a hacerlo, tómate un par de segundos para pensar: ¿tiene esto un valor educacional? ¿Se beneficiarán las personas de esto? Sí la respuesta a estos interrogantes es negativa no quiere decir que deberías abandonar las redes sociales sino que tal vez deberías replantear lo que compartes.

Todo esto podría hacerme sonar como un hipócrita, porque yo también lo he hecho, tal vez porque también sentía la necesidad de obtener la aprobación de la gente en forma de likes o porque en algún momento fui absorbido por alegría y sentí la necesidad de compartir eso con el mundo, o porque estoy escribiendo en este blog, de cierta forma, porque quiero que la gente lo vea, incluso si todo este contenido no es educacional o cultural.

Jazz en las sombras

El Jazz es aterrador. No en ejecución sino como concepto. El jazz es ese género musical aislado, algunos pueden decir que es un arte propio, sin reglas y con alcance y posibilidades gigantescas. Ahora piensa en que el Jazz tiene un lado oscuro y que allá es a donde nos dirigimos...

No miento cuando digo que alguien en enorme posición de influencia sobre mí a lo largo de los años constantemente me dijo que el Jazz era aburrido, música para locos. Yo crecí convencido de que eso era un hecho hasta que Miles Davis y su increíble disco Kind of Blue destruyeron completamente esa idea. Quedé absolutamente conmovido por las melodías en ese disco. De hecho tengo una entrada en un viejo diario en la que hablo de mi primera experiencia con el álbum en cuestión, he aquí una porción:

Olvida todo lo que te han dicho sobre el cielo, Kind of Bluete lleva a alguna parte, tal vez ese lugar sea el cielo.

Escuchar Kind of Blue me abrió los ojos, pero no sabía cuál era el siguiente paso, no quería escoger un álbum al azar para continuar mis andanzas con el Jazz y terminar perdiendo el interés. Casualmente, más o menos por los mismos días descubrí que un conocido mío era un gran seguidor del Jazz, era tal la afición de este personaje que en una de las paredes de su casa reposaban retratos de sus héroes del género. Así surgió una manera interesante de explorar el género bajo la dirección de un fanático: durante 10 días él me daría un álbum diario para escuchar.

El primer día escuché otro disco de Miles Davis, In a Silent Way, de este escribí: "es experimental, único, maravilloso, tranquilo y sencilla brillante." Para los siguientes días tuve que escuchar a Pat Metheny, Tomasz Stańko, Branford Marsalis, John Coltrane y Chet Baker, la experiencia resultó ser bastante educativa y yo continué descubriendo más Jazz para eventualmente dejarlo atrás, como una fase, y continuar con mi vida explorando otro género musical, creo que después de esto me sumergí con los ojos cerrados en el Post-Punk por algún tiempo, luego vino el rock underground de los 70s, el Rock stoner y después un vacío, una necesidad de algo que me moviera que me acompañó durante meses.

En mi última publicación mencionaba como a lo largo de los años la forma en que escucho música ha cambiado y como inconscientemente he corrompido la experiencia que constituye sumergirse en un álbum, dejarse absorber por sus sonidos y letras para alcanzar un estado, un trance del que eventualmente sales pero que te deja algo que va más allá de la duración del disco. También mencionaba 20 discos que me han permitido alcanzar ese estado y que de una u otra manera han ayudado a moldear la persona que soy actualmente.

Bien, el Jazz, su lado oscuro, experimental, misterioso y moderno, me ha regalado una de esas joyas: Métamanoir de The Dale Cooper Quartet & the Dictaphones.

Cuando pienso en la forma en que llegué a este álbum me encuentro con una sorpresa, una sucesión de acontecimientos que pasaron inadvertidos. Durante el último mes he estado viendo esporádicamente la serie de culto Twin Peaks dirigida por el respetado David Lynch, una de las cosas más fascinantes de la serie es la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti.

Hace un par de semanas de semanas descubrí una banda alemana llamada Bohren & der Club of Gore, su música crea un atmósfera nocturna, suave y delicada, su álbum Sunset Mission acompañado del sonido de la lluvia es la banda sonora perfecta para leer, quedarse dormido o simplemente disfrutar de un momento de calma o reflexión con uno mismo.

La semana pasada vi La La Land con Valeria, a ambos nos encantó la película y de cierta forma sirvió para despertar esa curiosidad por el Jazz que hace unos años me atrapó. Esa misma semana vi Le Samouräi, un film noir que hace parte de mis películas favoritas.

¿A qué viene todo esto? Métamanoir es un álbum de Dale Cooper Quartet & the Dictaphones, Dale Cooper es el personaje principal en la serie Twin Peaks, un agente del FBI que está constantemente dando instrucciones a su secretaria a través de un dictáfono. De modo que el nombre de la banda fue claramente inspirado por la serie. En términos musicales el sonido encontrado en Métamanoir es sónicamente similar a Bohren & der Club of Gore, sonido que ha sido catalogado como Dark Jazz (jazz oscuro) o Jazz Noir.

De acuerdo con Internet, el Jazz oscuro "es una forma de jazz contemporáneo de ritmo lento. La atmósfera oscura de este género está inspirada en las bandas sonoras de cine negro (film noir), en particular Ascenseur pour l'échafaud de Miles Davis y la obra de Angelo Badalamenti, además de ser influenciado por la música ambiental oscura."

He estado construyendo el descubrimiento de este álbum durante las últimas semanas sin darme cuenta y por supuesto que me ha tomado con la guardia baja, está claro que Métamanoir me ha deslumbrado. He aquí un par de confesiones, no me gustan las películas de David Lynch pero la serie Twin Peaks (espectacular, por cierto) ha abierto una puerta y tal vez termine revisitando algunas de sus películas, y la música ambiental me parecía extremadamente monótona y aburrida. Aún así aquí estoy hablando de un disco inspirado por la obra de Lynch y que utiliza elementos de la música ambiental. Es así como nuestros gustos cambian y a veces, como en mi caso, sucede sin que nos demos cuenta.

¿Qué hace a Métamanoir un excelente álbum? Su ritmo lento e hipnotizante, el saxofón dominante que se pasea por paisajes brumosos creados por efectos sonoros, sus tonos melancólicos... Estoy convencido de que Métamanoir es una experiencia que voy a estropear si continuo hablando de ella. Todo lo que diré es: encuentra tus audífonos, recuéstate y déjate absorber por la belleza de esta obra de arte. ¿Quién habría pensado que el lado oscuro del Jazz sería tan hermoso?

Sobre música: Conveniencia o tangibilidad

Hace algunos años la idea de escuchar canciones sueltas era algo inconcebible, para mi la única forma de apreciar una obra de arte era absorbiéndola en su totalidad, y esto en el caso de la música era escuchando álbumes completos en lugar de pequeñas porciones.

Recientemente he acogido la idea de escuchar estas porciones de obras de arte. El acto de escuchar canciones sueltas pasó de ser aborrecido a ser disfrutado. Pero este cambio se debe en gran parte a la falta de tiempo que con el transcurrir de los días se hace más evidente. En la actualidad dispongo de aproximadamente 40 minutos diarios para escuchar música, divididos en dos fragmentos de 20 minutos que es lo que me toma ir desde mi casa al trabajo y vice versa. Si en promedio cada canción tiene una duración de 4 minutos, eso quiere decir que estoy escuchando 10 canciones diariamente, lo que es menos de un álbum que en generalmente consta de 12 temas.

Me puse a estudiar toda la información compilada en mi perfil de Last.FM a lo largo de poco más de 5 años para establecer cuánto ha cambiado y cuánto ha afectado la forma en que escucho y descubro música. Para quien no ha escuchado hablar de Last.FM, se trata de un servicio que lleva un registro, como una especie de diario, de toda la música que escuchas. Yo he sido usuario desde diciembre de 2011 y el 95% de lo que he escuchado en ese tiempo está grabado en Last.FM. Esto es precisamente lo que encontré:

Historial de reproducciones en Last.FM

Una mirada a mi historial de reproducciones, muestra que desde el 2014 he venido escuchando menos música. Honestamente no puedo luchar contra eso, es evidente que ya no cuento con el tiempo para emprender búsquedas de tesoros musicales escondidos a lo largo de la historia de la música, esas búsquedas que me permitieron encontrar álbumes como Pink Moon de Nick Drake, Occultation de Lucid Sins, Here Come the Warm Jets de Brian Eno, entre otros, han quedado atrás; pero siento una profunda necesidad de maximizar la cantidad de música a la que me estoy exponiendo, siento la necesidad de deshacerme de la falta de música en mi vida, y este pensamiento, este sentir me lleva a pensar en Spotify.

Cuando comencé a publicar mis listas de reproducción semanales mencioné que Spotify había cambiado la forma en que escucho música. Inicialmente lo vi como algo positivo, pero ahora me ha abordado una duda. Si bien es cierto que Spotify se ha convertido en un excelente acompañante ahora que escasea mi tiempo, también ha afectado la experiencia de escuchar álbumes completos. Porque incluso en esos 40 minutos que me expongo a las notas de diversos artistas a través de Spotify, su música no es más que sonido de fondo. Siento que he corrompido algo tan sagrado y personal como es el acto de escuchar atentamente un disco. La música se ha convertido en algo que simplemente está ahí, ha dejado de ser algo a lo que puedo acudir para sanar o para ayudarme a lidiar con las emociones del día a día.

Para sumar peso a este descontento, esta semana llegó mi nuevo tocadiscos, después de meses de ahorro tuve la oportunidad de adquirir un Audio Technica AT-LP60. El primer disco que reproduje en el fue The Boatman's Call de Nick Cave & the Bad Seeds, el cual había comprado hace meses pero que permanecía sellado ya que no contaba con un tocadiscos. Se puede tomar esto como una exageración, pero ese es un álbum que he escuchado en innumerables ocasiones, incluso en Spotify, pero al escucharlo en su totalidad en vinilo me quedé impresionado, descubrí que hay mucho más en ese disco de lo que había sido capaz de apreciar en el pasado. Lo que sentí esa tarde es lo que la música se supone debe hacernos sentir a todos, sé que no es posible con cada disco producido, pero hay muchos que pueden proporcionarnos sentimientos similares e incluso elevar nuestras almas.

Todo esto me ha llevado a hacerme la pregunta del título de esta publicación. Spotify es mas conveniente, pero carece de la tangibilidad que un vinilo puede ofrecer. Porque cuando se escucha un disco, la música se siente, se palpa, la experiencia es enriquecida y se disfruta de manera superior, pero es increíblemente costoso tener acceso en vinilo a por lo menos el 1% de lo que Spotify ofrece. Entonces, ¿qué debo escoger? ¿Conveniencia con Spotify, pero sentir que algo le falta a la música, o tangibilidad con discos de vinilo y quedar en bancarrota a largo plazo?

Escojo la tangibilidad --- incluso sin estar seguro de que esa palabra existe, en el diccionario de la RAE no aparece --- pero hay unos términos y condiciones. Por ahora me limitaré a comprar sólo discos que han influido en mi vida. Es por eso que he hecho una lista de los 20 álbumes más influyentes de mi vida. Estos son discos que han cambiado mi perspectiva en aspectos generales del vivir y de cierta forma han ayudado a formar la persona que soy.

  1. The Beatles - Rubber Soul
  2. Bob Dylan - Blonde on Blonde
  3. Leonard Cohen - Songs of Leonard Cohen
  4. The Clash - London Calling
  5. Lou Reed - Transformer (en su defecto Berlin)
  6. The Velvet Underground - The Velvet Underground & Nico
  7. The Smiths - The Queen Is Dead
  8. Television - Marquee Moon
  9. The Modern Lovers - The Modern Lovers
  10. The 77s - Seventy Sevens
  11. Led Zeppelin - Led Zeppelin II
  12. Neil Young - After the Gold Rush
  13. Tim Buckley - Happy Sad
  14. Syd Barret - The Madcap Laughs
  15. Nick Cave & The Bad Seeds - The Boatman's Call
  16. Black Sabbath - Master of Reality
  17. Wayne Shorter - Speak No Evil
  18. Tom Waits - Closing Time (Pre-ordered)
  19. Lucid Sins - Occultation
  20. David Bowie - Low (Pre-ordered)

Hay una cantidad considerable de dinero en esos discos, y adquirir cada uno de ellos puede llevarme meses, tal vez un par de años, pero créeme, vale la pena la inversión.

Solo los amantes sobreviven

Hace un par de días, no recuerdo cómo o porqué, Valeria y yo terminamos hablando sobre Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013), una de mis películas favoritas. La conversación se convirtió rápidamente en una discusión porque me negaba a aceptar los adjetivos que ella estaba utilizando para describir la película. "Vacía" y "aburrida" son palabras que en mi opinión sencillamente no encajan en el contexto de este maravilloso filme.

Pero entonces recordé que ella no es la primera persona que usa este tipo de argumentos para referirse a esta elaborada obra de Jim Jarmusch, he recomendado el filme a varios amigos en el pasado y todos, sin excepción, han dicho lo mismo:

"En esa película no pasa nada"

Sólo los amantes sobreviven es la historia de Adam, un vampiro que reside en una desolada Detroit y que lentamente se hunde en la depresión; Eve, que vive en Tánger (Marruecos) ha sido su amante durante siglos y decide cruzar el Atlántico para ayudar a su melancólico y suicida esposo. Una trama simple como esta hace que sea fácil decir que la película carece de acción, y debo admitir que de cierta forma eso es cierto. Sólo los amantes sobreviven se basa en conversaciones, tomas hermosas y una escenografía sombría para contar su historia, pero la mezcla de cada uno de estos elementos le permiten desarrollar una atmósfera cautivadora donde la música es la pincelada que la convierte en una obra maestra que debajo de su "superficie aburrida" lleva un significado más profundo.

El argumento de "vacío" que cada uno de mis amigos optó por asumir se basa en un simple problema: el género de vampiros. Tan comercial como es (o fue) ha sido roto por la enorme cantidad de películas de vampiros arrojadas en nuestras caras en la última década y media (recordarás que ¡sólo hicieron cuatro películas de Crepúsculo! Increíble) De modo que Sólo los amantes sobreviven no carece de acción, nuestras mentes han sido corrompidas por un concepto de vampirismo que es aún más absurdo que la idea de seres inmortales en sí.

Las personalidades de Eve y Adam distan mucho del estereotipo vampiro generalmente retratado en películas del género, por esta razón no es sorprendente que la mayoría de la gente que vió la película se queje de que los protagonistas no tienen poderes, claro que los tienen, pero estos no son el centro de la película, el director dedica sólo unos pocos momentos para mostrarlos y estos son tan fugaces que entiendo por qué pueden pasarse por alto. De igual forma, mucho puede decirse acerca de su renuencia a salir a cazar humanos, después de todo esto es lo que los vampiros hacen, ¿no? Es entonces cuando los humanos entran en la conversación. La pareja de vampiros elige no sucumbir ante sus necesidades salvajes en parte por su propia seguridad, porque como señalan la sangre humana ha sido envenenada, pero principalmente porque tienen altos valores morales. Estos seres han vivido durante siglos y deciden no sólo encerrarse en cuevas cuidadosamente diseñadas sino también aferrarse a grandes trabajos artísticos, porque al igual que ellos, el arte trasciende generaciones, el arte es inmortal.

Entonces, el verdadero problema radica en nuestra incapacidad para reconocer el hecho de que esta no es una película sobre vampiros, es una película sobre nosotros los humanos y nuestra decadencia como raza, lo que es precisamente la fuente de las tendencias suicidas de Adam, quien detalla en amplitud cómo los seres humanos han transformado sus medios de vida en objetos perecederos, olvidando y menospreciando las cosas verdaderamente importantes y perennes como el arte y la cultura. De ahí que las amistades que ambos han cultivado a lo largo de los años hayan sido forjadas por literatura, en el que caso de Eve que vive en una avalancha de letras, y para Adam es una combinación de ciencia, letras y música, ya que tiene una especie de altar en casa donde hace honor a todos sus héroes, y expresa su tristeza y decepción para con la raza humana a través de su música.

Cuando todas estas cosas son tenidas en cuenta, la aburrida Only Lovers Left Alive, resulta ser no sólo una profunda reflexión sobre dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos como especie sino también, un llamado a la acción.

Redención en Berlin

Ha habido mucha charla sobre David Bowie en los últimos días. Primero fue su cumpleaños número 70 que estuvo acompañado del lanzamiento de un EP titulado No Plan, este incluye temas que por diversas razones no hicieron parte de Blackstar, obra con la que Bowie le diría adiós a este mundo; un par de días después se conmemoró el primer aniversario de su inesperada muerte, y no siendo suficiente aquí estoy escribiendo sobre él. Sin embargo, he aquí una confesión, hasta hace exactamente un año, David Bowie era en mi opinión un artista sobrevalorado y excesivamente excéntrico. No obstante, ese pensamiento ha cambiado, ahora lo considero uno de los artistas más polifacéticos y versátiles de todos los tiempos. Desafortunadamente, fue necesario de un evento trágico para que yo fuera capaz de explorar su discografía y descubrir sus obras maestras.

Viajemos atrás en el tiempo. 8 de enero del 2016, Blackstar sale al mercado y las reseñas son razonablemente positivas, un álbum que mezclaba elementos de Art rock, psicodelia y un jazz sutil pero efectivo. Al día siguiente todo explota, David Bowie ha perdido la batalla contra el cáncer, y de repente, Blackstar se convierte en una obra maestra. Inicialmente pensé que los elogios no solo en torno al álbum sino también respecto a Bowie como artista estaban plagados de melancolía y que esto estaba nublando el discernimiento de quienes enaltecian el nombre del artista. Decidí hacer lo que debí haber hecho desde el principio, escuchar la canción de despedida de David Bowie. Puedo decir algo con absoluta convicción:

Bowie es en estos momentos uno de mis artistas favoritos.

Y lo digo no impulsado por los sentimientos que su ausencia pueda causar, sino como resultado de escuchar su trabajo y explorar sus ideas creativas. Es realmente fácil apreciar a Bowie, los experimentos y personificaciones que al inicio de su carrera asumió son en sí mismos dignos de admiración; mucho puede decirse de Ziggy Stardust, Aladdin Sane y The Thin White Duke pero nada define a David Bowie tan exhaustivamente como la Trilogía de Berlín.

El año es 1976, abrumado por su adicción a la cocaína Bowie recluta a Iggy Pop, quien pasaba por una situación similar con la heroína, a Brian Eno, que buscaba aires nuevos después de alejarse de Roxy Music, y a su productor de confianza Tony Visconti; juntos parten hacia Berlín. En el camino empiezan a trabajar en un proyecto que daría vida al mítico set de discos en la discografía del artista: Low (1977), "Heroes" (1977) y Lodger (1979).

Nada más sonaba como esos álbumes. Nada más se acercaba. Si nunca hubiese hecho otro álbum, realmente no importaría ahora. Mi ser completo está dentro de esos tres. Son mi ADN.
 --- David Bowie

Low comienza a forjarse mientras este grupo de creativos está en Francia, cuando finalmente se instalan en Berlín no solo el album de Bowie está listo, tambien el espectacular esfuerzo en solitario de Iggy Pop, The Idiot, ha sido terminado.

He decido hablar exclusivamente de Low, el primero del trío, no sólo porque es un trabajo fundamental en la carrera de Bowie, sino también porque en cierta medida lo es en mi vida personal.

"Low" (bajo) no recibe este título por casualidad, es un disco que llega en el que tal vez sea el punto más bajo en la vida personal del artista, este disco nos permite mirar a quien durante años se escondió bajo maquillaje extravagante y personajes ficticios. Low es Bowie de verdad, sin adornos y en búsqueda de redención. El disco abre con Speed of Life una pieza instrumental que establece el ambiente del álbum y deja al descubierto las influencias electrónicas de la escena musical alemana, bandas como Kraftwerk y Neu! suelen recibir crédito como inspiración del disco. No obstante, la influencia más grande del disco es la situación por la que pasa el artista. No es hasta el segundo tema que escuchamos la voz de Bowie, oscura, profunda y acompañada de un ritmo incitante que de alguna manera se las arregla para crear un ambiente reflexivo, un contraste perfecto. El álbum alcanza su cima con Sound and Vision, tema en el que Bowie deja escapar sus aflicciones:

Nada que hacer, nada que decir
Triste, triste...

Cantaré, esperando el regalo del sonido y la visión
A la deriva en mi soledad...

Esta es la voz de un hombre roto, cabizbajo, que se rehúsa a desprenderse de su sentido artístico y que con valentía lucha contra su adicción haciendo a un lado su fama, su status de rock star, todo lo que alguna vez lo definió, y hace un álbum lejos del confort, en una tierra extranjera que una vez más le permitiría ser libre.

Pero, ¿cuál es el impacto que ha tenido este álbum en mi vida?

Es vergonzoso admitirlo, pero yo era del pensamiento "si se basa en instrumentos electrónicos o efectos para contar una historia, no es arte vale la pena apreciar" y este es el álbum que cambió esa idea me llevó a descubrir trabajos de Brian Eno, Bocanada de Gustavo Cerati (que seguramente en su momento tendrá su espacio en este blog), Radiohead, Joy Division, New Order, entre otros. Low con su ambiente acogedor me ayudó a alcanzar un punto en mi vida en el que encuentro confort en trabajos atmosféricos, eso no solo influye en la música que escucho sino también como actuó en diferentes situaciones de la vida, Low ha traído una sensación de tranquilidad a mi vida.

En 1977 en Berlín cayó un muro, no el que dividía a Alemania, sino el que no dejaba que contemplaramos a David Bowie en su máxima expresión artística.