Tinta en las Cintas

By Andrés Cárdenas

¡Cógela suave, Facebook!

Hace una semana eliminé la app de Facebook de mi teléfono celular. Antes había expresado mi descontento con el hecho de publicar en redes solo porque sí, y aunque mis publicaciones en la red social se limitan a enlaces de artículos que encuentro interesantes en Internet o al ocasional video musical en YouTube, descubrí que le estaba permitiendo a Facebook afectar aspectos importantes en mi vida. Estoy sumido en una situación extraña, tengo una obsesión con aprovechar al máximo mi tiempo, pero en realidad lo malgasto de la manera más inocente posible. Por ejemplo, seguramente te ha pasado que sostienes el celular en tus manos y de manera inconsciente y automática, me atrevería a decir incluso que instintiva, entras a Facebook y después de un tiempo te sorprendes desplazándote hacia abajo en la aplicación; a veces leyendo comentarios, otras veces simplemente mirando la pantalla. Esto se convirtió en algo común en mí, algo molesto, y eventualmente se convirtió en algo decepcionante. Esto no es aprovechar el tiempo.

Era hora de decir ya no más.

Primeramente cerré sesión en la app de mi teléfono, eliminar la aplicación o abandonar por completo la red social de momento no era algo factible. Facebook no deja de ser una poderosa herramienta de comunicación y todas las personas con quien sostengo una relación cercana son usuarios activos de esta red. Facebook es necesario pero no esencial. Pero con cerrar sesión en la aplicación no fue suficiente, para mi sorpresa estaba ingresando a la app, constantemente encontrándome con el formulario de inicio de sesión, esto dejaba al descubierto una debilidad. Lo que me llevó a pensar que tal vez Facebook está reformando o imprimiendo nuevos rasgos psicológicos en nosotros y de ser así es algo ciertamente preocupante. Pero dejemos eso a los psicólogos y neurocientíficos. ¿Por qué menciono esto en Tinta en las Cintas? Porque algo tan simple como eliminar una app en mi teléfono, dio inicio a lo que se puede convertir en una filosofía de vida. Resulta que no solo borré Facebook si no todas las aplicaciones que no me permitían aprovechar mi tiempo o que simplemente ocupaban espacio en la memoria de mi teléfono celular. De cierta forma creo que borrar la aplicación y limitar mi consumo de contenido en Facebook me ayudó a acoger el minimalismo y de eso hablaré en una próxima oportunidad.

Extraños en el paraíso

Ayer hice una lista de películas que quería ver. La primera en la lista era Stranger Than Paradise (Extraños en el paraíso) de Jim Jarmusch, que también resulta ser la cuarta de sus películas que veo y hasta el momento todas me han gustado. Only Lovers Left Alive, Down By Law, Night on Earth y Stranger Than Paradise, en ese orden de preferencia.

Supe que me iba a gustar al ver el cuadro de apertura, en ese momento solo conocía la trama pero la belleza de ese cuadro fue el aperitivo de lo que estaba por venir, otra obra maestra del señor Jarmusch. Después de algunos minutos sentí que el filme con su simplicidad y aspecto minimalista estaba plantando algo en mi, me sentí asombrado, anonadado por la belleza de los cuadros.

En Stranger Than Paradise entramos en la vida de Willie, un inmigrante húngaro que hace diez años llegó a Estados Unidos a vivir el sueño americano. Sin embargo, su vida transcurre en una diminuta habitación en New York. Willie se gana la vida apostando en carreras de caballos o haciendo trampa jugando cartas. Su prima Eva, de 16 años, llega desde Budapest también para alcanzar el mágico sueño al lado de su tía Lottie, pero antes debe quedarse con Willie por 10 días mientras su tía que vive en Ohio sale del hospital.

Las escenas se cortan, transcurren ¿dos días?, ¿dos horas? El tiempo es incierto aquí. Pero eventualmente Eva se marcha, no sin antes conocer a Eddie, el único amigo de Willie.

Un año más tarde los dos amigos emprenden un viaje hacia Ohio donde planean reunirse con Eva para posteriormente visitar el paraíso, Miami.

Cuando se hace la pregunta "¿qué clase de películas te gustan?" la mayoría de la gente tiene un respuesta elaborada basada en sus gustos o disfrute de ciertos géneros o temas. Ese nunca ha sido el caso para mi. Aunque podría decir que me gusta el cine negro o hacer referencia al trabajo de ciertos directores, la mayoría de veces mi respuesta es muy vaga, el resto de ocasiones no sé que responder.

Después de expresar mi amor por Only Lovers Left Alive, dentro de mi circulo de amigos se tornó común decir que "a Andrés le gustan las películas en las que no pasa nada", durante meses dudé de esa afirmación pero después de ver Stranger Than Paradise, empiezo a creer que tienen razón. Porque básicamente eso es Stranger Than Paradise, una película en la que aparentemente no pasa nada. Así que tal vez sea hora de que cuando alguien me pregunte que clase de películas me gustan mi respuesta sea "esas en las que no pasa nada."

La profesora de piano

Erika Kohut, una profesora de piano sexualmente reprimida que vive con su dominante madre conoce a Walter, un joven estudiante que se propone enamorarla.

Mi expectativas entorno al filme eran bastante altas que la crítica afirma que esta es una de las mejores películas del siglo. Estaba muy expectante pero decidí esperar a Valeria algunos días para verla con ella, la semana pasada estuvo de visita y finalmente vimos la película juntos.

Debo comenzar diciendo que en términos de erotismo estaba esperando que la película fuera más explícita, pero la falta de contenido explícito le dio un toque más realista al filme.

Es increíble como el director Michael Haneke retrata el realismo de una manera que te absorbe y aunque el tema general de la película es difícil de encontrar en la vida cotidiana por momentos parece que no estás viendo una película. Mientras veíamos creo que mentalmente Valeria y yo nos hacíamos la misma pregunta ¿qué haría yo en esa situación? Tomemos como ejemplo la escena en el baño donde los protagonistas tienen su primer encuentro sexual, si me sitúo en los zapatos de Walter probablemente me alejaría y olvidaría por completo el asunto. Pero él se queda y experimenta algo tan erótico como humillante.

Erika camina determinada, la cámara la sigue a través de lo que parece un centro comercial, eventualmente cruza sin dudar una puerta misteriosa, nos encontramos en una sex shop. De inmediato todos los ojos masculinos se postran en ella, luce incómoda ante las implacables miradas pero está en control total de la situación, intenta entrar a una de las cabinas pero está ocupada, espera, entra, elige un video de su preferencia, mira la papelera, está llena de papel higiénico sucio de semen, ¿siente asco? No, toma un papel y lo huele con vehemente deseo.

Erika es evidentemente una mujer enferma. ¿Pero como ha llegado a ese punto?

La respuesta obvia es su dominante madre, ¿pero es esta realmente la fuente de su "enfermedad"? Erika es una mujer que ha sido consumida por su represión sexual de modo que le es prácticamente imposible amar e incluso disfrutar el placer de una manera convencional. Su deseo efervescente crece y su insaciable necesidad la lleva al borde la locura y aunque interpreta y enseña la que para muchos es la música más sanadora ni siquiera esta puede sanarla.

Aún no sé si lo que siento por Erika es lastima o compasión, pero su situación me lleva a plantear dos preguntas: ¿Cual es nuestro deseo sexual más profundo? ¿Si fuese expuesto seríamos considerados unos enfermos?

Bocanada de Pureza

Recuerdo que cuando escuché por primera vez el debut en solitario del gran Gustavo Cerati mi reacción inmediata fue escribir lo que estaba sintiendo. Ha pasado poco más de un año y solo ahora he podido expresar lo que experimenté aquella madrugada de Febrero.

Si fuera necesario definir Bocanada de Gustavo Cerati en el menor número de palabras posible, su esencia sería capturada con *"poesía atmosférica"; *en ese par de palabras uno obtiene lo mejor de los dos mundos que decoran este álbum intrínsecamente intimo: los susurrantes, delicados y afables sonidos electrónicos y su hermosa poesía, simple pero nunca simplista. Esta maravillosa obra de arte le hace honor a su título, no hay nada que pueda hacerse más que inhalar toda su belleza en una bocanada de aire.

El álbum abre con Tabú, una mezcla exótica de sonidos de la jungla y elementos que proclaman la llegada del nuevo milenio, lo que resulta en una sensación incómoda pero pura en una singularidad que eventualmente atrapa.

Corrí hasta alcanzarte
y vencí la sórdida sed
en la alquimia salvaje
de tus labios oro rubí

Nunca he podido descifrar con certeza a que se refiere Cerati en este pequeño pero hermoso verso. ¿A una mujer? ¿Tal vez a una adicción? ¿Una droga? Lo que quiera que sea, con Tabú este artista nos introduce al mundo brumoso que la caratula sugiere. Esta es una ilustración que sin dudas hace alusión a Dylan y al mítico Low de David Bowie (que ya tuvo su espacio en este blog), pero el elemento más cautivador de la portada es el humo aural que emana Cerati y esa sensación de pureza, intimidad y sabiduría que viene con si.

Bocanada, la canción, es tal vez la cumbre de este espectáculo de belleza, esta pieza exquisita que incita a un trance y te pone en un estado de levitación, como si algo que no te pertenecía llegase a ser parte de ti para derretirse en tu interior, es algo no palpable, algo casi espiritual, algo propiamente etéreo.

Cuando no hay más que decirnos
me hago uno con el humo
serpenteando la razón.
De todo aquello decidido
se estira el tiempo y me olvido
me olvido como vos
Y en la esfera vagamos indiferentes
por el espacio que dejo
para desvanecerse
alargando el después
una historia sin final

Esta porción tomada del tema que da título a este disco es tal vez mi pieza poética favorita en todo el idioma español. Hay tanto en Bocanada que es ausente en el resto de discos latinoamericanos que a lo largo de mi vida he podido escuchar, su excelencia es inigualable, pero deseo tanto poder escuchar algo como esto, en mi lenguaje nativo y hecho por gente que creció en estas tierras.

Decir, sin embargo, que Bocanada es un disco perfecto es tanto una exageración como una mentira que no puedo decirme a mí mismo. Como conjunto, como obra absoluta Bocanada tiene sus falencias. Uno podría incluso prescindir de algunas de las canciones incluidas, especialmente aquellas piezas instrumentales situadas hacía el final del disco, que sin ser malas aportan poco a la cautivadora y excelsa atmósfera que preside en la primera parte del disco.

Gustavo Cerati murió en 2014 luego de estar en coma durante 4 años debido a un accidente cerebrovascular. Bocanada, sin embargo, es un disco perenne que se sobrepondrá a la prueba del tiempo y que sin lugar a dudas permanecerá dentro del grupo de los mejores discos de la historia de la música latinoamericana.

¿Por qué publico lo que publico?

El 2 de febrero de este año publiqué "¿No utilizo Twitter porque no tengo nada que decir o porque no me alcanzan 140 caracteres para todo lo que tengo que decir?" En ese momento era un dilema real, ahora parece que lo he entendido y la respuesta es más reconfortante de lo que pensé.

Como estudiante de periodismo se me anima a participar en las redes sociales más populares, a aprender a utilizar todas sus herramientas para facilitar y maximizar el alcance del trabajo periodístico. Sin embargo, es algo en lo que fallo constantemente. Aunque reconozco la importancia y utilidad de estas redes me es imposible ser un usuario activo. Ahora entiendo que no es el hecho de que no tenga nada que decir y tampoco el que no pueda comprimir mis opiniones en 140 caracteres, es porque me preocupa el valor de mis opiniones. Pero ¿cómo mide uno lo que comparte en redes sociales?

En *social media *los likes, retweets, favoritos, etc, son el medidor. Asumimos que algo es más cierto, más importante, más relevante, por el número de likesque obtiene. Redes como Facebook e Instagram son impulsadas por narcisismo modernista, los *likes *se han convertido en el combustible de egos gigantescos y el acto de compartir eventos diarios, cotidianos y sin sentido es el precio que debe pagarse para conseguir la aprobación e incluso admiración de la gente. Esto en mi opinión es un sistema roto que carece de valor cultural y educacional.

No hay nada malo en compartir una selfie, una foto de tu cena, un vídeo de tu mascota o de la fiesta en la que estás, pero la próxima vez que vayas a hacerlo, tómate un par de segundos para pensar: ¿tiene esto un valor educacional? ¿Se beneficiarán las personas de esto? Sí la respuesta a estos interrogantes es negativa no quiere decir que deberías abandonar las redes sociales sino que tal vez deberías replantear lo que compartes.

Todo esto podría hacerme sonar como un hipócrita, porque yo también lo he hecho, tal vez porque también sentía la necesidad de obtener la aprobación de la gente en forma de likes o porque en algún momento fui absorbido por alegría y sentí la necesidad de compartir eso con el mundo, o porque estoy escribiendo en este blog, de cierta forma, porque quiero que la gente lo vea, incluso si todo este contenido no es educacional o cultural.