Tinta en las Cintas

By Andrés Cárdenas

La profesora de piano

Erika Kohut, una profesora de piano sexualmente reprimida que vive con su dominante madre conoce a Walter, un joven estudiante que se propone enamorarla.

Mi expectativas entorno al filme eran bastante altas que la crítica afirma que esta es una de las mejores películas del siglo. Estaba muy expectante pero decidí esperar a Valeria algunos días para verla con ella, la semana pasada estuvo de visita y finalmente vimos la película juntos.

Debo comenzar diciendo que en términos de erotismo estaba esperando que la película fuera más explícita, pero la falta de contenido explícito le dio un toque más realista al filme.

Es increíble como el director Michael Haneke retrata el realismo de una manera que te absorbe y aunque el tema general de la película es difícil de encontrar en la vida cotidiana por momentos parece que no estás viendo una película. Mientras veíamos creo que mentalmente Valeria y yo nos hacíamos la misma pregunta ¿qué haría yo en esa situación? Tomemos como ejemplo la escena en el baño donde los protagonistas tienen su primer encuentro sexual, si me sitúo en los zapatos de Walter probablemente me alejaría y olvidaría por completo el asunto. Pero él se queda y experimenta algo tan erótico como humillante.

Erika camina determinada, la cámara la sigue a través de lo que parece un centro comercial, eventualmente cruza sin dudar una puerta misteriosa, nos encontramos en una sex shop. De inmediato todos los ojos masculinos se postran en ella, luce incómoda ante las implacables miradas pero está en control total de la situación, intenta entrar a una de las cabinas pero está ocupada, espera, entra, elige un video de su preferencia, mira la papelera, está llena de papel higiénico sucio de semen, ¿siente asco? No, toma un papel y lo huele con vehemente deseo.

Erika es evidentemente una mujer enferma. ¿Pero como ha llegado a ese punto?

La respuesta obvia es su dominante madre, ¿pero es esta realmente la fuente de su "enfermedad"? Erika es una mujer que ha sido consumida por su represión sexual de modo que le es prácticamente imposible amar e incluso disfrutar el placer de una manera convencional. Su deseo efervescente crece y su insaciable necesidad la lleva al borde la locura y aunque interpreta y enseña la que para muchos es la música más sanadora ni siquiera esta puede sanarla.

Aún no sé si lo que siento por Erika es lastima o compasión, pero su situación me lleva a plantear dos preguntas: ¿Cual es nuestro deseo sexual más profundo? ¿Si fuese expuesto seríamos considerados unos enfermos?