Tinta en las Cintas

By Andrés Cárdenas

Éxodo venezolano

Todos hemos escuchado las historias, algunos se han sentido identificados con los relatos mientras que otros hemos sido profundamente conmovidos. Sin embargo, pocos hemos observado en primera instancia el drama que viven los venezolanos en un éxodo que inicia en su país y que se extiende en el nuestro.

Hace un par de días me encontraba en Sincelejo visitando a Valeria, mi novia. Cuando me preparaba para regresar a casa se presentó en la puerta un joven venezolano pidiendo ayuda, no pedía dinero ni comida, este muchacho pedía una camisa que pudiera utilizar para causar una mejor impresión mientras buscaba trabajo, la que llevaba puesta estaba bastante deteriorada. Valeria buscó entre sus cosas pero no encontró nada que pudiera servirle, al ver esto el joven pidió una gorra o un sombrero, "hace mucho sol, mucho calor y estoy caminando por todas partes buscando trabajo" nos dijo, pero desafortunadamente ni Valeria ni yo usamos gorras o sombreros.

Fue conmovedor y un sentimiento de impotencia nos abordó pero no le dimos mayor importancia, continuamos con nuestras vidas y olvidamos al joven venezolano que seguramente intentaba subsistir de manera honesta.

Sin embargo, ese no sería mi último encuentro del día con un venezolano.

Mas tarde tomé el bus de camino a casa y allí conocí a Hamalys, una venezolana desorientada que en ese momento intentaba llegar al municipio de Caucasia. Hamalys estaba sentada del otro lado del pasillo y en varias ocasiones me preguntó sobre su destino. Recuerdo que en el municipio de Planeta Rica le dije que en hora y media aproximadamente estaríamos en Caucasia.

El bus en el que íbamos había partido a las 6 de la mañana de Barranquilla y se dirigía a Medellín. Yo abordé a las 11 de la mañana en Sincelejo y debía llegar hasta Caucasia.

Eran las 3:20 pm cuando llegamos a Caucasia. Me levanté de mi asiento para dejar el bus y Hamalys me miró un poco angustiada, le dije que era allí donde debía bajarse, que ya había llegado. Dejé el bus y me disponía a salir del Terminal de Transporte de Caucasia cuando vi a Hamalys a lo lejos aun más desorientada. Me acerqué para preguntarle si tenía que tomar otro vehículo o que si allí terminaba su viaje. Me dijo que de ahí tenía que ir al municipio de Segovia y entonces tuve que decirle algo que Hamalys no quería escuchar.

Ahora tienes que tomar un carro que te lleve a Zaragoza y de allí viajar a Segovia. Pero son las tres y media de la tarde y el último carro que sale de Zaragoza para Segovia debió partir hace media hora.

Lo que percibí en su expresión fue pánico y angustia. Sus opciones eran pasar la noche en Caucasia y al día siguiente viajar a Zaragoza y posteriormente a Segovia, o viajar esa misma tarde a Zaragoza, pasar la noche allí y salir en el primer bus la madrugada siguiente hacia Segovia. ¿El problema? Hamalys solo tenía $45.000 pesos en el bolsillo. $20.000 para el pasaje a Zaragoza y $22.000 para el pasaje a Segovia. Los $3.000 pesos restantes no eran suficientes para cenar y pagar un hotel.

La tranquilicé un poco diciéndole que yo iba para Zaragoza y que tal vez podría conseguirle una habitación en un hotel barato.

Partimos de Caucasia en un taxi junto a una pareja de ancianos cristianos que una vez advirtieron que Hamalys era venezolana comenzaron a opinar junto al conductor sobre política. Hamalys iba preocupada y creo que no le ayudó el hecho de que uno de nuestros acompañantes afirmara que la situación de Venezuela no iba a mejorar porque "en las sagradas escrituras está escrito que en el tiempo del fin habrá guerras y hambre," añadiendo que los venezolanos no debían quejarse porque eran cosas de Dios.

En medio de aquellas afirmaciones comencé a hablar con ella, fue entonces cuando Hamalys compartió conmigo su historia.

Vendí mi cama, mi aire acondicionado, mi lavadora y mi cocina, y ayer en la tarde tomé un carro hacia Maicao (habían pasado más de 24 horas desde el inicio de su viaje). Entré a Colombia por trocha para que no me molestaran a las 6 de la tarde. Llevaba conmigo una bolsa (de unos 80 cms, me indicó con sus manos) llena de billetes venezolanos y me derrumbé cuando al hacer el cambio me dieron 5 billeticos.

Hamalys vendió todo lo que tenía y le dieron $190.000 pesos a cambio, con estos emprendió su viaje ya en tierras colombianas y no le alcanzó para llegar a su destino.

Me contó que aunque su mamá no estaba del todo bien ya se había radicado en Segovia, que venía a trabajar para que su padre pudiera reunirse con ellos aquí en Colombia y que conocía la fama de Segovia y de las venezolanas en Colombia pero que no venía a prostituirse, que prefería vender dulces o pedir limosna en lugar de prostituirse, pero que entendía porque muchas de sus compatriotas caían en la prostitución.

Finalmente llegamos a Zaragoza, le dije que podía pedir a la empresa transportadora que la llevaran y que una vez en Segovia su madre pagara el pasaje, y con el dinero que le restaba podía pasar la noche en un hotel barato que le mostré. Quería hacer más por ella pero entendía que ella quería hacerlo sola. Sin embargo, antes de irme le di mi número telefónico y le dije que si tenía problemas podría llamarme, que yo no dudaría en ayudarla en cuanto pudiera.

Hacía las 10 de la noche recibí este mensaje:

Hola, soy Hamalys, la venezolana. Ya pude organizar como me sugeriste y ya me pagaron pasaje en Segovia. Gracias chamo por orientarme. Dios te pague.

Hamalys finalmente se reunió con su madre, se encuentra en Segovia y muy amablemente me concedió el permiso de contarles su historia.


Toda esta situación me generó un interrogante que tal vez ustedes me ayudarán a resolver. ¿Que tan ético o moral creen que es que en época de elecciones en Colombia algunos movimientos políticos usen el drama de millones de venezolanos para empoderar sus campañas? El terror de convertirnos en "una segunda Venezuela" como principal argumento en debates políticos me parece deshonesto. Pero ¿que hemos de esperar en un país bajo un régimen no democrático si no corrupto? Donde nuestra única opción es votar por, como diría un amigo, "el menos peor".